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AMPLIANDO EL CÍRCULO DE LA COMPASIÓN

En la enseñanza Mahayana hay un lema que dice: “Dirige toda la culpa hacia ti mismo”. La esencia del lema es “Si algo me duele mucho es porque me estoy aferrando muy intensamente”. No quiere decir que debamos golpearnos a nosotros mismos, no aboga por el martirio. Lo que el lema indica es que el dolor procede del apego a hacer las cosas a nuestro modo y, que cuando nos sentimos incómodos porque estamos en un lugar o situación en la que no queremos estar, una de las principales salidas que tomamos es culpar a algo o a alguien.

Generalmente erigimos una barrera llamada culpa que nos impide comunicarnos de manera genuina con los demás, y la fortificamos con nuestras ideas sobre quién tiene la razón y quien no. Es algo que hacemos con las personas cercanas, con los sistemas políticos y con todo lo que no nos gusta de nuestros asociados o de la sociedad. Culpar a los demás es una herramienta muy común y muy perfeccionada con la que tratamos de sentirnos mejor. Culpar es una forma de proteger nuestros corazones, de proteger lo suave, lo abierto y lo tierno qué hay dentro de nosotros mismos. En lugar de adueñarnos de nuestro propio dolor, lo que tratamos de hacer es ponernos cómodos.

Este lema es de gran ayuda pues nos proporciona la interesante sugerencia de que podríamos empezar a cambiar esa tendencia tan antigua, habitual y profundamente asentada en nosotros que consiste en pretender tenerlo todo en nuestros propios términos. La manera de comenzar a cambiarla es, en primer lugar, que tan pronto sintamos la tendencia a culpar, intentemos entrar en contacto con la sensación que nos produce el estar tan estrechamente aferrados a nosotros mismos: Cómo se siente el culpar? Cómo se siente el rechazar? Cómo se siente el odiar. Cómo se siente el estar justamente indignado?.

En cada uno de nosotros hay mucha delicadeza, mucho corazón. El punto de partida tiene que ser conectar con ese lugar delicado. De eso se trata la compasión. Cuando dejamos de culparnos el tiempo suficiente como para concedernos un espacio abierto en el que sentir nuestra delicadeza, es como si nos inclinásemos a tocar la gran herida que está justo debajo de la armadura que desarrollamos debido a la culpa.

(…) Si comenzamos a entrar en contacto bondadoso con lo que sea que estemos sintiendo, nuestros caparazones protectores se disolverán y hallaremos que podemos trabajar con más áreas de nuestras vidas. Según aprendemos a tener más compasión por nosotros mismos, el círculo de compasión por los demás -Con qué o quiénes podemos trabajar, y de qué modo- se amplia.

Fragmento de capítulo 13 “Ampliando el círculo de la compasión, del libro “Cuando todo de derrumba” de Pema Chödrön.

 

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