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Saludo de fin de año de José Fernando Jiménez

Saludo de fin de año de José Fernando Jiménez, Presidente de la Junta Directiva de la Fundación Montaña de silencio.

Medellín, 23 de diciembre de 2017

Queridos amigos de la Montaña de Silencio:

Hemos tenido un año 2017 muy agitado. La nueva sede Casablanca nos permitió impulsar proyectos que estaban dormidos y que de pronto fueron despertando hasta volverse realidad. El zendo ha sido consagrado, la Fundación ofrece un nuevo espacio a la ciudad para la meditación y la práctica, nuestro querido compañero Juan Felipe fue ordenado sacerdote, todos los domingos tenemos sesiones de introducción al zen, las conferencias abiertas al público se programan cada mes, la biblioteca está habilitada para los miembros de la sangha y, gracias a los buenos oficios de personas como Adiela, nuestra actividad es cada día más visible.

Es cierto que el tamaño de la sangha no aumentó en correspondencia con el incremento de las tareas. Eso es normal, una sangha multitudinaria sería sospechosa. En cambio cada uno de nosotros dió lo mejor de sí mismo, al punto que el mensaje del Dharma, como un líquido que rebasa los bordes de su vaso, se derramó más allá de nuestras propias fronteras para llegar a oídos de muchas otras personas que – aunque no necesariamente comprometidas con la práctica – también buscan una luz que arroje claridad sobre la confusión, tal y como nosotros mismos la buscamos y trabajamos para que nuestro mundo exprese equidad, tranquilidad y paz.

Así pues, en primer lugar, recordamos el día de hoy aquellas personas que participaron en las numerosas actividades del año. También, y de manera muy especial, recordamos los compañeros que algún día compartieron con nosotros la práctica y ahora – quizás temporalmente – no están aquí; los sentimientos de amistad preceden la memoria de quienes ocuparon un zafú a nuestro lado o recorrieron el zendo con paso firme, cuidadoso y acompasado. A ellos dedicamos este encuentro, pues si algún día llegaran, de nuevo, a tocar las puertas de esta casa, deben considerarse bienvenidos.

Recordamos al maestro Jiryu quien, con sus palabras vacilantes, ha sabido llegar hasta lo más profundo de nuestra mente y corazón. Su generosidad es una muestra de esa bondad que nosotros, a la vez, podemos prodigar a los seres más próximos: familiares y amigos, compañeros de oficio, vecinos de barrio; a los queridos animales que nos visitan a diario o residen en casa -como Pimienta, la gata de la Fundación-; a las delicadas plantas de interior, y a los árboles que nos dan sombra y frescor en el espacio público; a las montañas verdes que conforman el paisaje; a la luz del Sol, las nubes, los vientos y las lluvias; al mar, los ríos, las piedras del camino, en fin.

Y recordamos a quienes este año viajaron desde lejos para visitarnos. Al diligente Andrés, al maestro Densho, a la traviesa Dina, a Luz María y Mónica que no faltaron a la cita; y a nuestra querida Dona, que nos regala hoy con su dulce presencia.

Así pues, porque nuestra vocación de bodisattvas, instante tras instante, gracias al cultivo de los paramitas, se afina un poquitico más, esta sangha se reúne hoy alegre y satisfecha.

Que nuestros ojos encuentren la mirada de Buda.

Recibamos todos un afectuoso abrazo,

josé fernando jiménez mejía

MONTAÑA DE SILENCIO

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