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NUBES BLANCAS: SÍ, PODEMOS TENER ESPERANZA, por Joan Halifax

Boletín de Montaña de Silencio, Comunidad Zen Insight septiembre de 2018

Una buena parte de mi vida la he dedicado a situaciones que podrían considerarse desesperadas — como activista contra la guerra, como trabajadora por los derechos civiles, como cuidadora de personas moribundas. También me he ofrecido como voluntaria para trabajar con reclusos condenados a muerte, he servido en clínicas médicas en zonas remotas del Himalaya — donde la vida es dura, la comida escasa y nulo el acceso a la atención de salud — y trabajé en Katmandú con refugiados rohingya que no tienen estatus, en ningún país. 

Podrías preguntarte, ¿por qué molestarse de esta manera? ¿Por qué abrigar la esperanza de que se acabe la guerra o la injusticia? ¿Por qué alimentar esperanzas en las personas que están muriendo, o en los refugiados que huyen del genocidio, o en las soluciones al cambio climático?A menudo me he confundido con la noción de esperanza. Pero recientemente, en parte debido a la obra de la crítica social Rebecca Solnit y su poderoso libro Esperanza en la oscuridad (Hope in the Dark), me estoy abriendo a otra visión de la esperanza—lo que yo llamo una esperanza sabia.

 

Como budistas, sabemos que la esperanza ordinaria se basa en el deseo, en querer un resultado que bien podría ser diferente de lo que va a ocurrir realmente. No conseguir lo que esperábamos es a menudo experimentado como una especie de desgracia. Alguien que tiene este tipo de esperanzas mantiene siempre una expectativa que se asoma en el fondo, la sombra del miedo de que los deseos propios no se realicen. Esta esperanza ordinaria es una expresión sutil de miedo y una forma de sufrimiento.

La esperanza sabia no es ver las cosas de manera poco realista, sino ver las cosas como son, incluyendo la verdad del sufrimiento, tanto su existencia como nuestra capacidad para transformarla. Cuando nos damos cuenta de que no sabemos qué va a suceder surge este tipo de esperanza; en esa amplia incertidumbre se encuentra justo el espacio que necesitamos para actuar.

Demasiado a menudo nos paralizamos por la creencia de que ya no hay nada que esperar — que nuestro diagnóstico de cáncer es un camino que va en un solo sentido y sin salida, que nuestra situación política no tiene arreglo, que no hay manera superar nuestra crisis climática. Es fácil pensar que ya nada tiene sentido, o que no tenemos capacidad ni razón para actuar.

 Repito con frecuencia que sobre la puerta de nuestro templo en Santa Fe sólo debería estar lo siguiente: ¡Aparece! (Show up!) Sí, el sufrimiento está presente. No podemos negarlo. Actualmente hay 65,3 millones refugiados en el mundo, sólo once países están libres de conflictos y el cambio climático está convirtiendo los bosques en desiertos. La injusticia económica lleva cada vez más gente a una pobreza creciente. El racismo y el sexismo siguen incontrolables.

 

Pero tienes que entender que la esperanza sabia no significa negar estas realidades. Significa enfrentarlas, abordarlas y recordar qué otra cosa está presente, como los cambios en nuestros valores que nos permiten reconocer y nos mueven a enfrentar el sufrimiento en este momento. “No busques fallas en el presente”, dice el maestro Zen Keizan. ¡Nos invita a verlo, no a escapar!

El estadista checo Václav Havel dijo: “Esperanza definitivamente no es lo mismo que optimismo. No es la convicción de que algo va a salir bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte. No podemos saberlo, pero podemos confiar en que habrá movimiento, habrá cambios. Y que vamos a ser parte de ello. Avanzamos hasta el día en que salimos a votar, o nos sentamos a la cabecera de un paciente moribundo, o enseñamos esa clase de tercer grado.

Como budistas, compartimos una aspiración común: despertar del sufrimiento. Para muchos de nosotros, esta aspiración no es un programa de mejoramiento de un “pequeño yo “. Los votos del bodhisattva en el corazón de la tradición mahayana no son otra cosa que una poderosa expresión de esperanza radical y sabia — una esperanza incondicional que está libre de deseo.

Dostoievski dijo: “Vivir sin esperanza es dejar de vivir.” Sus palabras nos recuerdan que la apatía no es un camino iluminado. Nuestro llamado es a vivir con posibilidades, pero sabiendo muy bien que la impermanencia es la regla. Por lo tanto ¿por qué no simplemente aparecer?

Tomado de Lion’s Roar: https://www.lionsroar.com/yes-we-can-have-hope/?mc_cid=762481a1fb&mc_eid=1b25a89edd

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